PARQUE NACIONAL EL LEONCITO

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Un lugar donde las estrellas le hacen un guiño a la historia


Es, según la tradición, el sitio donde el general San Martín terminó de organizar la campaña libertadora. En la actualidad, y por sus características especiales, alberga el cuarto telescopio en importancia del hemisferio occidental y una estación astronómica.
Por Alejandro San Martín

Si hay un lugar en la Argentina donde convergen la naturaleza y la ciencia, ese es el Parque Nacional El Leoncito. Ubicado al sur de la provincia de San Juan, en el límite con Mendoza, tiene la especial característica de haber sido el primero en reconocer como misión fundamental, la protección del cielo.

No se trata de una quimera. Previo a la declaración de Parque Nacional, efectivizada el 15 de octubre de 2002, la provincia de San Juan promulgó -en 1989- una inédita ley de protección del cielo y que la comuna más cercana, Barreal, adoptase una iluminación no contaminante.

Para proteger el cielo se imponía, además, la protección del ecosistema terrestre. Fue así que se decidió confiar a la Administración de Parques Nacionales las 76.000 hectáreas del Centro Astronómico El Leoncito (CASLEO), dando origen a una Reserva Natural Estricta que, luego, constituiría el Parque Nacional.

Con el propósito de revertir los procesos erosivos del suelo, la APN procedió a la erradicación de las vacas y al cierre, mediante alambrado, de los pasos ganaderos. Por otra parte, se redujo en un 90% el tránsito de motos todo terreno.

Estas prácticas permitieron la recuperación de la flora y la fauna, además de la incorporación al Sistema de Parques Nacionales de tres eco regiones pobremente representadas: el Monte de Sierras y Bolsones, la Puna y los Altos Andes.

De a poco, el Parque volvió a repoblarse, entre otros, de guanacos, cóndores, pumas, zorros colorados, cuises y tuco-tucos.

Por su parte, entre las jarillas del Valle de Calingasta y los coirones del filo de la Sierra de Tontal, se pueden observar tres yacimientos paleontológicos, petroglifos con motivos mascariformes, un tramo del Camino del Inca y el histórico casco de la estancia El Leoncito, donde el general San Martín ultimó los detalles del cruce de los Andes.

Tan cerca de las estrellas

Sobre los faldeos occidentales de la Sierra del Tontal, al suroeste de la provincia de San Juan, se abre la principal ventana argentina hacia el cosmos: el Centro Astronómico El Leoncito (CASLEO), que posee el cuarto telescopio en importancia del hemisferio austral, con más de 2 metros de diámetro y 40 toneladas de peso.

Creado en mayo de 1983, ese complejo astronómico es visitado anualmente por más de 200 investigadores de 12 diferentes países del mundo. Cuenta con un servicio de hospedaje para albergar unas 20 personas, entre personal técnico y astrónomos.

Su ubicación, a 2.552 metros de altura, permite observar con claridad meridiana todo el cielo del hemisferio sur: la Vía Láctea, Orión, las Tres Marías, el Can Mayor, las Pléyades, la Cruz del Sur, Venus y por supuesto, la Luna.

El Leoncito se caracteriza por la gran oscuridad de su cielo nocturno y por la atmósfera diáfana, con bajo contenido de vapor de agua y contaminación, lo que permite una clara visión durante las casi 300 noches al año en que se encuentra despejado.

Entre los principales hallazgos del CASLEO, está la explosión de la estrella binaria eclipsante Wolf-Rayet HD 5980, de la nube menor de Magallanes, una galaxia cercana a la tierra, detectada en 1994; un nuevo tipo de radiación durante las explosiones solares y varias docenas de estrellas múltiples.

A pocos kilómetros del CASLEO, se ubica la Estación Astronómica Doctor Carlos U. Cesco, que construyera en 1965 la Universidad de Yale y que administra la provincia de San Juan, ocupada de estudiar el derrotero de las estrellas.

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