En la intimidad, despidieron los restos de Ingmar Bergman

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El cineasta sueco, quien murió el 30 de julio a los 89 años, fue homenajeado con una ceremonia fúnebre privada en la isla báltica de Faaro, donde vivía desde hacía años. Tuvo un último brillo internacional con "Sarabanda", un filme rodado en video escrito por él y realizado por Liv Ullmann, su protagonista y ex esposa.

Los restos de Ingmar Bergman, muerto el 30 de julio a los 89 años, fueron despedidos con una ceremonia fúnebre privada en la isla báltica de Faaro, donde el cineasta sueco vivía desde hacía años.

El diario sueco Aftonbladet informó que unas 50 personas participaron de la ceremonia, mientras que el periódico Dagens Nyheter reportó que la policía mantuvo alejadas a quienes no habían sido invitadas.

El lugar de la sepultura, en el pequeño cementerio de la iglesia de Faaro, fue ocultado hasta el viernes por la noche, informó ANSA.

Cineasta fundamental del siglo XX y no siempre comprendido por sus connacionales, tuvo un último brillo internacional con "Sarabanda", un filme rodado en video escrito por él y realizado por Liv Ullmann, su protagonista y ex esposa.

Bergman había tenido su canto del cisne en la pantalla grande en 1984 con "Fanny y Alexander", premiada con cuatro Oscar de Hollywood, entre ellos el de Mejor Película en Idioma No Inglés, y el resto del material que llegó a estas playas era para TV aunque se vio en cines.

Nacido el 14 de julio de 1918 en Uppsala como Ernst Ingmar Bergman, hijo de un pastor luterano, comenzó su carrera como asistente de Alf Sjoberg en "Hets" (El sádico, 1944), también libretada por él, y hacia 1950 ya daba que hablar con "Juventud divino tesoro".

Fueron dos rioplatenses, Homero Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal, quienes a mediados de la década alertaron sobre su envergadura creativa y pusieron al tanto a los popes de la revista francesa Cahiers du Cinéma, que desde el ombligo de la cultura europea determinaron su consagración.

Así llegó el premio a mejor película en el Festival de Cannes 1956 para "Sonrisas de una noche de verano", aunque ya tenía sobre sus espaldas obras como "La sed", "Música en la noche", "Un verano con Mónica", "Noche de circo" y "Una lección de amor".

Preocupado por la trascendencia del ser humano y su relación con Dios, Bergman analizó en profundidad esos temas emparentándose con directores como el danés Carl Theodor Dreyer en una tradición protestante en la que el alma y el cuerpo solían entrar en colisión.

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