Los mosquitos santafesinos están en su mejor momento
Fuente UNO
Ningún barrio está exento de ellos. Parecieran haberse acostumbrado a todos los repelentes, porque no hay ni uno que los mate. Que levante la mano el que logró pasar un día sin ser picado.
Ningún barrio está exento de ellos. Parecieran haberse acostumbrado a todos los repelentes, porque no hay ni uno que los mate. Que levante la mano el que logró pasar un día sin ser picado.
Es una de las características de Santa Fe que multiplica su fama día tras día. Tan populares como el alfajor y el liso santafesinos, los mosquitos arrasan con la ciudad durante las tardes y las noches.
En el comienzo del verano parecían ser pocos –relativamente, en comparación con años anteriores–, pero en las últimas semanas se multiplicaron por miles.
Antes las abuelas decían: “Si vas a la Costanera llevate el Off”. Lo mismo antes de ir a pasar un día en una quinta o en cualquier espacio al aire libre.
Los abuelos, en general, eran los que prendían fuego a un trapo viejo para hacer humo y espantarlos o los que buscaban un pinche o un tenedor para el espiral y lo colocaban debajo de la mesa.
Estaban las tías que sugerían empaparse con vinagre –un repelente barato pero con un efecto fugaz– o con alcohol, con la idea de que los olores fuertes podían ahuyentarlos.
Ahora, ni los repelentes de colores llamativos y estrellas de las publicidades de televisión, ni los métodos tradicionales logran alejar a los molestos insectos.
Tampoco permanecen cerca de espejos de agua o en los pastos altos. Si bien en esos lugares se concentran en mayor cantidad, en la actualidad los mosquitos le perdieron todo el respeto a los espacios.
Andan y pican por todos los barrios, sin distinción. Los pequeños bichos alados molestan a ricos y pobres por igual.
Además, aún cerrando las puertas y ventanas a media tarde, ellos se las ingenian para entrar a los hogares y hacer de las suyas en la noche.
Y nada más molesto que un zumbido en el oído –a excepción de los grillos y chicharras– en medio de la oscuridad y el silencio.
Remeras repelentes
Una marca paraguaya de alta costura lanzó al mercado una línea de camisas impregnadas de un repelente para ahuyentar a los mosquitos.
Las camisas, de diseño exclusivo y confeccionadas en algodón en el estilo tradicional local, están impregnadas de un aceite de fibras de citronella, una hierba que abunda en Paraguay que se activa con el rozamiento.
El aroma de la citronella es agradable al olfato humano, pero repulsivo para los mosquitos y otros insectos como las pulgas.
Cuidado con los chicos
Es importante, sobre todo, que los más chicos estén protegidos con un repelente aconsejado por un profesional, porque el papel que desempeñan los mosquitos como vehículos de enfermedades humanas –como fiebre amarilla, paludismo o malaria, filariosis, dengue, encefalitis– es fundamental.
Esos insectos generan malestar no sólo en la ciudad sino también en otros espacios. La interferencia de esos persistentes bichos en el trabajo de campo, en la cría de ganado y su producción, se ve reflejada en numerosas pérdidas, cuando atacan contra los animales. Muchos, al ser picados disminuyen la producción de leche y el ganado pierde peso.
En el comienzo del verano parecían ser pocos –relativamente, en comparación con años anteriores–, pero en las últimas semanas se multiplicaron por miles.
Antes las abuelas decían: “Si vas a la Costanera llevate el Off”. Lo mismo antes de ir a pasar un día en una quinta o en cualquier espacio al aire libre.
Los abuelos, en general, eran los que prendían fuego a un trapo viejo para hacer humo y espantarlos o los que buscaban un pinche o un tenedor para el espiral y lo colocaban debajo de la mesa.
Estaban las tías que sugerían empaparse con vinagre –un repelente barato pero con un efecto fugaz– o con alcohol, con la idea de que los olores fuertes podían ahuyentarlos.
Ahora, ni los repelentes de colores llamativos y estrellas de las publicidades de televisión, ni los métodos tradicionales logran alejar a los molestos insectos.
Tampoco permanecen cerca de espejos de agua o en los pastos altos. Si bien en esos lugares se concentran en mayor cantidad, en la actualidad los mosquitos le perdieron todo el respeto a los espacios.
Andan y pican por todos los barrios, sin distinción. Los pequeños bichos alados molestan a ricos y pobres por igual.
Además, aún cerrando las puertas y ventanas a media tarde, ellos se las ingenian para entrar a los hogares y hacer de las suyas en la noche.
Y nada más molesto que un zumbido en el oído –a excepción de los grillos y chicharras– en medio de la oscuridad y el silencio.
Remeras repelentes
Una marca paraguaya de alta costura lanzó al mercado una línea de camisas impregnadas de un repelente para ahuyentar a los mosquitos.
Las camisas, de diseño exclusivo y confeccionadas en algodón en el estilo tradicional local, están impregnadas de un aceite de fibras de citronella, una hierba que abunda en Paraguay que se activa con el rozamiento.
El aroma de la citronella es agradable al olfato humano, pero repulsivo para los mosquitos y otros insectos como las pulgas.
Cuidado con los chicos
Es importante, sobre todo, que los más chicos estén protegidos con un repelente aconsejado por un profesional, porque el papel que desempeñan los mosquitos como vehículos de enfermedades humanas –como fiebre amarilla, paludismo o malaria, filariosis, dengue, encefalitis– es fundamental.
Esos insectos generan malestar no sólo en la ciudad sino también en otros espacios. La interferencia de esos persistentes bichos en el trabajo de campo, en la cría de ganado y su producción, se ve reflejada en numerosas pérdidas, cuando atacan contra los animales. Muchos, al ser picados disminuyen la producción de leche y el ganado pierde peso.
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